Te crees que eres abierta pero en realidad no lo eres tanto, te das cuenta de que tienes prejuicios, cosas que te parecen bien, guays, cools y otras no tanto. Te das cuenta de que a fuerza de estar siempre rodeada de la misma gente que más o menos comparte tus mismas aficciones, te has ido metiendo en un mundo escueto y delimitado, bíblico y conservador. Y de repente basta un encuentro, una conversación, una anecdota a miles de años luces de tu vidad para recordar cuan grande es el mundo y cuan variados son sus habitantes. Y sí, no importa si a ese chico con el que estás tomando algo no tiene ni idea de quién es François Truffaut o que tampoco sepa apreciar un buen vino o peor aun que le guste ir el sábado noche a cenar a un centro comercial... Al fin y al cabo sus hobbies son diferentes y su vida no tiene nada que ver con la tuya pero ¿no es eso interesante, divertido, enriquecedor y lo gracioso de vivir en un mundo con centenas de nacionalidades diferentes?
Hoy me he dado cuenta que se me olvido mi época NY, época en la que no me quedaba otro remedio que relacionarme con todo tipo de gente si precisamente quería conocer a gente. Gente que no tenía mucho que ver conmigo y que a la vez lo compartia todo, gente que ha hecho que cada día sea un poco más abierta, un poco más ancha de vistas.
NY, una ciudad que te engulle en su vorágine par aluego devolverte a la triste homogeneidad de cualquier otra ciudad del mundo. Incluso Barcelona. Incluso mi Barcelona.
Hoy me he dado cuenta que se me olvido mi época NY, época en la que no me quedaba otro remedio que relacionarme con todo tipo de gente si precisamente quería conocer a gente. Gente que no tenía mucho que ver conmigo y que a la vez lo compartia todo, gente que ha hecho que cada día sea un poco más abierta, un poco más ancha de vistas.
NY, una ciudad que te engulle en su vorágine par aluego devolverte a la triste homogeneidad de cualquier otra ciudad del mundo. Incluso Barcelona. Incluso mi Barcelona.
